Vivir cada cierto tiempo, sin añoranzas burguesas, sin querer un mejor pasar. Cuándo ya hemos levantado las enaguas del mundo fenoménico, solo nos queda contemplar el gran discurso del ruido urbano. No pretendo huir hacia la madre naturaleza, ni encontrarme conmigo mismo, ese mismo que se aloja en la espesura del cielo edénico imaginario.
Una pizca, solo una pizca de paz, y bailaré como como atleta entonado, saltimbanqui liberado del verdugo y su hacha afilada, cómo un demóstenes sin piedras en la boca, un libre, perfecto sin mejorar, sin mejorar, sin domesticar, un libre.

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