Agarrado de los últimos vestigios de una época que no volverá, experiencia histórica destruida por la post-modernidad, esa instancia fútil de profundo subjetivismo flojo, pereza a ultranza, y pseudosabiduría.
No molestar,es el mandamiento fundamental, exigencia hacia los individuos con quienes compartes un espacio, sin embargo la confrontación emanada de tal principio relacional, se reduce a un ámbito doméstico, pues afuera. la rueda de la enajenación gira y gira violando todas las formas, las bellas formas de trato, lo reduce todo a un trámite sin contemplación, sin distancia amable.
En casa vuelcas la impotencia indómita, afuera pululas como un servil hipócrita, irradias la indiferencia que causa el dolor, sucumbes a lo que te proponías no sucumbir, te deleitas en la superficialidad, y niegas los contornos expansibles del alma.
Si nos comparamos a las fieras, todas ellas tienen su herramienta de defensa, ¿y nosotros?, algunos me responderán-¡la inteligencia!- ejemplo de otras épocas, prefiero las manos, el puño, nuestra excalibur.
Amanece y la novedad es chisme, la novedad prístina de la vida no se observa.
Atrapado en la cabeza? en el tronco? en los muslos? Un culto deberíamos rendirle a la nariz, y al corazón, visitarlo como a un templo.

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