Los hombres no lloran, cuando siempre han llorado. Esfuerzos descomunales para aparentar el temple y estoicismo del guerrero frente a la muerte. Hoy no combatimos frente a dragones, ni mucho menos contra fieras no domesticadas. Se nos ha inculcado un darwinismo y su aroma perfuma todas las áreas de la cultura. Nada queda fuera de su interpretación. Nosotros humanos con sueños y aspiraciones, adjuntamos a nuestro cuarto propio, herramientas de ataque abstractas, afilamos instrumentos que eran de sermón y canto para destruir al que debíamos cuidar. Nuestra coraza dista de tener la nobleza de la tortuga, la resistencia y afecto del armadillo. Nuestra coraza hiede, es un vil cayo codicioso, ajeno al cosmos, producto final y en evolución permanente de nuestro más ciego materialismo.
El tigre dientes de sable, mutó, hoy se llama deuda, interés, y la cacería individual, con frío y sin estrategia es sometida por el mamut republicano del capital.
ERASMUS

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