Amanecer tiene efectos cristalizantes, recuperas la gravedad, aumentas la vehemencia para con tus objetivos y olvidas el clamor de tu alma durante la noche.
Tu alma despegada de la verdosa y azulada materia, esa alma que te permite recordar las injurias lanzadas al otro, aquella alteridad que coincide en el despegue del alma nocturna.
La noche, bella balanza antecesora de la muerte, espacioso tribunal donde la mirada penetra en las manifestaciones inconscientes del día, un día bello, pero ciego y materialista.
No es el día me dirán, esta bien, el ambiente, los ruidos estertores de la maquinaria que desprecia al ser, paraliza la voluntad humana, y no deja espacio a la libertad poética del delirio.

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